Hace muchos años ya, con un amigo del que no sé nada hace también muchos años, tuvimos la siguiente discusión: qué autor argentino pone los mejores títulos. Ambos coincidíamos en que "La larga risa de todos estos años" o "Los pasajeros del tren de la noche" eran espectaculares. El viejo Fogwill ganaba la carrera por varios cuerpos.
El cuento del tren es un texto que nació justo cuando la artillería ridícula de la guerra de Malvinas abría un pozo ciego en la memoria de los argentinos: "lo escribí a fines de la década de 1980 y lo entregué para su publicación en Música japonesa -dice- en marzo de 1982. La guerra vino a estropear el efecto esperado de una alegoría de las marchas de los jueves de Plaza de Mayo". El cuento trata de unos soldados muertos en batalla que regresan en el tren de la noche a sus respectivas casas. Es un cuento hermoso y potente.
Fogwill seguramente leyó a Bradbury, "La tercera expedición" es lo mismo pero dado vuelta: son los vivos los que llegan al mundo de los muertos. Es un cuento sobre lo peligrosa que puede ser la nostalgia.
De aquel amigo, decía, no sé nada hace mucho tiempo. Tampoco sé nada de un libro muy querido que le presté, "Materia gris". El autor es un chileno poeta y psicólogo que descubrí en una repentina fiebre de poesía chilena, y del que no hay rastros en ningún lado. El tipo no aparece en la tienda de Kindle, en mis librerías web piratas -que tienen de todo-, no hay noticias suyas en google.
Solo en Mercado libre está el libro que perdí, que presté pensando que volvería. Es una poesía simple, directa, pero no frívola y estúpida. Extraño la lectura de ese libro, anotado en los márgenes y con las puntas dobladas. Pero la nostalgia es peligrosa, dicen.
Lo compraré otra vez.