sábado, 24 de octubre de 2026

Hoy en Hablemos de Pesca: uno de Carson

 


Hay algunos peces cuyos órganos (corazón, triperío) contienen fósforo, entonces producen bioluminiscencia: brillan en la oscuridad por un breve rato. 

Voy a usar el corazón y las tripas de un pez para escribirte en la pared de esta casa precaria, frente al río, un mensaje efimero. Voy a dejar para vos una marca orgánica con este corazón de pez. 

No solo cerrar la puerta, cambiarla. No terminar de escribir que ya empieza a borrarse.  

lunes, 12 de octubre de 2026

poema de amor si querés pero también un poema de un cafisho con su puta favorita

"pequeños robos a la luz de la luna".

Es un hermoso título de un libro de cuentos de lamberti. Amo ese título. Pero no viene de lamberti, sino de Nicanor Parra, de un poema largo llamado "la víbora".

Parra escribe este poema a mediados del siglo pasado enmarcado en un...¿movimiento?, la ANTIPOESÍA. Así como en el ´14 Miguel de Unamuno inventaba la "nivola" para definir su propia obra narrativa (en especial la novela Niebla, que lo tiene a Unamuno de personaje en un despelote bárbaro como son de despelotes los orígenes de las cosas, quiero decir, la gente que inventó las cosas, el modernismo en el caso de Unamuno, mientras estados unidos intervenía cuba gracias al hundimiento del acorazado Maine).

Antipoesía es un invento de Parra. La mayoría de los textos de su libro Poemas y antipoemas narran historias chiquitas llenas de vergüenza, insidiosas, brutales: la de un fraile que llega al cielo y quiere cortarle las pelotas a San Pedro, la de un profesor embrutecido, la de unas palomas hipócritas, la de unas tías mentirosas, la de una mujer despreciable que envuelve y explota al amante.
Me interesa este último. Porque sí, porque me encanta el poema, es bárbaro.
Pero tenemos que hablar de otras cosas.

El poema se llama "La víbora" y en principio se puede leer como una historia, contada por el hombre, de un sometimiento amoroso. Pero la operación es más compleja: Parra nos hace creer en una versión de los hechos que quizás no sea tal.

Y uno entra como un caballo, digamos, porque uno es un atolondrado.

En todo caso es un poema que habla acerca de la categoría de víctima en una relación conflictiva, y resulta que esta categoría es insuficiente: dado que el sujeto que habla es al mismo tiempo aquel del que se habla, hay un oscurecimiento de lo que se dice. Y en este punto se abre una dimensión inédita del antipoema: la existencia de dos historias, una construida sobre la mentira que oculta otra, la verdadera.

La víbora

Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable,

sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento,

trabajar día y noche para alimentarla y vestirla,

llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas,

a la luz de la luna realizar pequeños robos,

falsificaciones de documentos comprometedores,

so pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes.

en horas de comprensión solíamos concurrir a los parques

y retratarnos juntos manejando una lancha a motor,

o nos íbamos a un café danzante

donde nos entregábamos a un baile desenfrenado

que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.

largos años viví prisionero del encanto de aquella mujer

que solía presentarse a mi oficina completamente desnuda

ejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar

con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita

y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último centavo.

me prohibía estrictamente que me relacionase con mi familia.

mis amigos eran separados de mí mediante libelos infamantes

que la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad.

apasionada hasta el delirio no me daba un instante de tregua,

exigiéndome perentoriamente que besara su boca

y que contestase sin dilación sus necias preguntas

varias de ellas referentes a la eternidad y a la vida futura

temas que producían en mí un lamentable estado de ánimo,

zumbidos de oídos, entrecortadas náuseas, desvanecimientos prematuros

que ella sabía aprovechar con ese espíritu práctico que la caracterizaba

para vestirse rápidamente sin pérdida de tiempo

y abandonar mi departamento dejándome con un palmo de narices.

Esta situación se prolongó por más de cinco años.

por temporadas vivíamos juntos en una pieza redonda

que pagábamos a medias en un barrio de lujo cerca del cementerio.

(algunas noches hubimos de interrumpir nuestra luna de miel

para hacer frente a las ratas que se colaban por la ventana).

llevaba la víbora un minucioso libro de cuentas

en el que anotaba hasta el más mínimo centavo que yo le pedía en préstamo;

no me permitía usar el cepillo de dientes que yo mismo le había regalado

y me acusaba de haber arruinado su juventud:

lanzando llamas por los ojos me emplazaba a comparecer ante el juez

y pagarle dentro de un plazo prudente parte de la deuda

pues ella necesitaba ese dinero para continuar sus estudios (...)

"Una flor de hija de puta" dice el lector en una primera sentada.

Pero el sujeto que habla, si reparamos en los detalles, está mintiendo o, digamos, falseando.

Sobre el poema, Parra: "Cuando entendí que la cosa iba por ese lado, que el antihéroe tenía perfecto derecho a existir, de la noche a la mañana escribí un poema como 'La víbora'".

Según esta lectura, la naturaleza antiheroica del tipo no proviene de su carácter de víctima, sino de su discurso manipulador y mentiroso, de decir una cosa por otra. Él no es un sujeto aplastado por los vicios del mundo moderno: se aprovecha de ellos. Y de ella.

(...) Entonces hube de salir a la calle y vivir de la caridad pública,

dormir en los bancos de las plazas,

donde fui encontrado muchas veces moribundo por la policía

entre las primeras hojas del otoño.

felizmente aquel estado de cosas no pasó más adelante,

porque cierta vez en que yo me encontraba en una plaza también

posando frente a una cámara fotográfica

unas deliciosas manos femeninas me vendaron de pronto la vista

mientras una voz amada para mí me preguntaba quién soy yo.

Tú eres mi amor, respondí con serenidad.

¡Ángel mío, dijo ella nerviosamente,

Permite que me siente en tus rodillas una vez más!

Entonces pude percatarme de que ella se presentaba ahora provista de un pequeño

............................ taparrabos.

Fue un encuentro memorable, aunque lleno de notas discordantes:

Me he comprado una parcela, no lejos del matadero, exclamó,

Allí pienso construir una especie de pirámide

En la que podamos pasar los últimos días de nuestra vida.

Ya he terminado mis estudios, me he recibido de abogada,

Dispongo de un buen capital;

Dediquémonos a un negocio productivo, los dos, amor mío, agregó,

lejos del mundo construyamos nuestro nido.

Basta de sandeces, repliqué, tus planes me inspiran desconfianza,

piensa que de un momento a otro mi verdadera mujer

puede dejarnos a todos en la miseria más espantosa.

mis hijos han crecido ya, el tiempo ha transcurrido,

me siento profundamente agotado, déjame reposar un instante,

tráeme un poco de agua, mujer,

consígueme algo de comer en alguna parte,

estoy muerto de hambre,

no puedo trabajar más para ti,

todo ha terminado entre nosotros.

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"¡Ángel mío, dijo ella nerviosamente,

Permite que me siente en tus rodillas una vez más!"

Jadis, si je me souviens bien, ma vie était un festin où s'ouvraient tous les coeurs, où tous les vins coulaient.

Un soir, j'ai assis la Beauté sur mes genoux. - Et je l'ai trouvée amère. - Et je l'ai injuriée.

(Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde todos los corazones se abrían, donde corrían todos los vinos. Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. -Y la encontré amarga.- Y la injurié).

Qué linda evocación a Rimbaud, con Una temporada en el infierno. Pero perdón, volvamos.

La crítica dijo que el sujeto que actúa, circula y habla en los antipoemas es una víctima de los males o los vicios del mundo. Pero no. Parra es mejor que eso.

Cuenta una historia falsa, "por arriba", pero deja en los intersticios detalles, que habilitan destruir el mito romántico de la víctima y acceder a la verdadera historia de explotación de la mujer (¿una prostituta? ¿un cafiolo?) que subyace "por abajo".

Transforma así una anécdota amorosa en un problema de lectura, de poder y de verdad. No solo nos pregunta qué ocurrió entre esos dos personajes.

Nos pregunta también por qué le creímos tan rápido a uno de ellos.

En fin.

Pueden prescindir de todo esto y, simplemente, leer el poema.

Yo recomiendo eso.


Los quiere:

Alejandra Pizarnik

sábado, 10 de octubre de 2026

a la medianoche me puse a contar

2022

A los 32 años, finalmente, empezás terapia. Te preguntás en qué momento las voces infantiles de tus alumnos se convirtieron en una música de terror que te lastima los oídos. La primaverá se parecerá demasiado al invierno. Alguien martilla un arma en la cabeza de tu líder política, en televisión abierta. Vas asiduamente a la cancha, seguís de cerca al club del cual era hincha tu padre. 
Tu padre murió el año pasado.

2018 

De vez en cuando das paseos por el parque a la noche, fumando un cigarrillo, repasando en voz baja los exámenes que rendirás para recibirte de Profesora en Letras. Extrañás leer literatura, pasás los días practicando latín y preguntándote qué estás haciendo, aunque te parezca, en el fondo, lo correcto. Tu padre está orgulloso.
Leés en Piglia: “todo se construye a partir de la pregunta ¿qué hacer?, y lateralmente ¿quién soy?".
Durante el paseo por el parque alguien, una chica joven, te acerca un fixture del mundial. 
Reís con este subtítulo: “¿En qué momentos de nuestra vida estamos en off-side?”. 

Es un fixture evangélico. Nunca viste algo así. 

2014

Anclada por un temporal en el aeropuerto de San Pablo volvés sobre la idea de por qué vivir en una isla tropical. Breve conteo mental. Lográs quedarte apenas dos meses y volvés a la ciudad, extrañás a tu padre y sabés que en algunos meses morirá. 
Le enviás mensajes de audio para que conteste con otros mensajes de audio, y puedas oírlos más adelante. 
Guardar la voz de tu padre en tu teléfono celular hasta el final de los tiempos. 
Tu hermano lleva dos meses sin hablarte. 

2010

Vacaciones de verano sola. En una especie de inconsciencia temporal aceptás un paseo en moto con un francés. Conocés playas que no podrías conocer de otra manera, un acantilado en la Bahía, la marea enfurecida abajo, muy abajo y lejos, que choca contra las rocas. 
El francés va a intentar besarte, y dirás que no. 
Después de la negativa, en el hostel (del cual es dueño) apenas va a dirigirte la palabra. La estadía se tornará hostil. Tu relación con los hombres se tornará hostil. Querrás volver a casa.

2006

Tu hermano cae enfermo. No quiere internarse porque “no lo necesita”. Tu casa es demasiado pequeña, pero insistís. Él acepta, se queda a vivir. 
Tenés que volver a acostumbrarte a cerrar la puerta del baño y esconder la plata.

2002

Una persona que conocés se suicida.

1994

En el flash informativo una enfermera acompaña a Maradona, muy amablemente, hacia el final de su carrera deportiva.
Pasás las tardes molestando a tu hermano: “qué dice ahí” es la pregunta que más hacés a tus cuatro años. 
Para ya no molestar a nadie, aprendés a leer. Es un poco precoz, y decepciona a todos que no te banques el jardín. 
Va a ser la primera vez que confundan en vos la capacidad para hacer algo con madurez emocional. 

los quiere,

Sor Juana


sábado, 12 de septiembre de 2026

Un poema para los que se quieren matar

Ulises (u Odiseo, como prefieras) quería volver a casa. Quién no querría volver a casa después de deambular diez largos, aventureros años. Volver a ver a la persona que se ama, ¿seguirá amándonos? ¿se habrá cansado de esperar?

Ulises desde el barco, lejos, cree ver tierra. Su tierra. 

Tendrá que poner orden, al llegar.

Cuánto falta.

¿Cuánto falta para volver a casa?

Konstantino Kavafis, en 1911, le responde esta pregunta al extraviado Ulises en su poema Itaca. 


Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pedí que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No tengas miedo a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón vas a encontrar,
si no los llevás dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante vos.

Son consejos, ¿no? "Escuchá -parece decir Kavafis- que te voy a decir algo". 
Si tenés un pensamiento elevado, la mierda del mundo no va a poder enloquecerte. 
El peligro surge si está en vos, dentro, en tu alma. Y es tu alma la que va a mostrártelo. 
Por eso, amigate con tus demonios, dice, tenelos de tu lado. 
No hay adónde escapar. Vas a tener que hacerlo si querés seguir viaje.

Pedí que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detenete en los emporios de Fenicia
y hacete con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Andá a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Es claro: tenés que pedir que el camino sea largo. Es una orden, si querés, un verbo en imperativo. Pedí que el camino sea largo. Pedí, es tu obligación, ver puertos una vez en tu vida. Y otros después.

Pedí que el camino sea largo para poder tener mucho de todo lo que tenga el potencial de ser bello.
Incluso lo que pueda terminar: incluso eso. El perfume va a perderse en el aire. Van a dejar de quererte.  Pedí que el camino sea largo.

Tené siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.


Ítaca es tu casa. Ya vas a llegar, ya van a esperarte tus seres amados. Recordá esto, te dice el poeta, tenés que pedir que el viaje sea largo. Si prestás atención, es simple. Podés repetirlo cuando anochezca, cuando no reconozcas la voz o un gesto de la persona que amás.

Pedí que sea largo.
No lo apresures, no lo malentiendas. No te mates. 

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la veas empobrecida, Ítaca no te engañó.
Así, sabio como te volviste, con tanta experiencia,
entenderás...qué significan las Ítacas.


Los quiere, 


Alfonsina and the sea




martes, 1 de septiembre de 2026

La vez que confundí un neuropsiquiátrico con una guardia odontológica


Tardé una hora en darme cuenta de que estaba en el Moyano. Antes de eso, pensaba solo en la muela. 

Huracán jugaba de local y yo estaba en la popular, con las manos metidas en los bolsillos de la campera. La muela empezó a doler en el entretiempo, primero como un tironeo, después como un pulso constante que parecía venir desde el oído hasta detrás de los ojos. Me tapé la mejilla con la mano y quedé así un rato, sin decirle nada a nadie.
Salí por el molinete y caminé. Mi vieja siempre decía lo mismo del Carrillo: que era bueno, que ahí la habían atendido bien una vez, que quedaba cerca. Lo decía como quien repite un dato de memoria, sin agregar nada.

Entré. Había una recepción vacía, dos sillas de plástico verde y un ventilador de techo absurdo que giraba lento. Hacía mucho frío y era casi medianoche.

-¿Nombre? -dijo la mujer flaquísima salida de la nada, detrás del mostrador.

Le dije mi nombre. Me preguntó la edad. Se la dije.

-Sentate, te llaman.

Obedecí. El silencio era distinto al de una guardia común: sin televisor, ni criaturas gritando, ni ese ruido de fondo que suele haber en todas partes, todo el tiempo. Solo el ventilador.

Al rato cruzó las puertas vaivén una médica; se aferraba a una carpeta negra, gigante, con los brazos cruzados encima del pecho como cargando una armadura.

-¿Qué te trae por acá? -me dijo.

-Me duele mucho una muela, al fondo, abajo.

Por toda respuesta hizo silencio. Miró a la otra médica parada cerca del mostrador que le devolvió un gesto intraducible. 

A la media hora entró una pareja. Los dos flacos, los ojos muy abiertos, sosteniéndose por los antebrazos. Nadie les preguntó el nombre. Los hicieron pasar directo.

Después, la mujer mayor. Tapado de piel sintético, de los que le hacen pensar a uno en esas calles mortuorias del Once. Lloraba fuerte, con hipo, la cartera colgando de un solo hombro. Dos ayudantes jóvenes cruzaron las puertas vaivén como superhéroes y la agarraron cada una de un brazo, sin mirarla a la cara, como si transportaran algo conocido.

En algún momento de la caminata por la sala la vieja escupió al policía que estaba parado cerca de la puerta, custodiándola. Se limpió con el dorso de la mano y siguió mirando al frente. Ubicaron a la vieja en una camilla. En qué momento llegó la policía, pensé. No tenía importancia.

La misma médica de antes volvió a acercarse:

-¿Vos…sabés adónde estás ahora? -me dijo.

-Sí, por supuesto. Tengo mucho dolor. Pensé que podrían darme algo.

-Vos hablás… quiero decir, a ver, contame…

-Estoy en el Carrillo -dije-. La guardia odontológica.

Hizo un silencio, el chirrido del ventilador me pareció ahora más alto, pensé que podría estar funcionando de manera defectuosa.

-Estás en el hospital Moyano.

Me puse de pie, me acomodé la campera y caminé despacio a la puerta de vidrio. El cansancio borroneaba un poco los bordes de las cosas. El partido ya había terminado, en el viaje a casa puedo ver cómo salió, pensé. Me pareció escuchar a la vieja reirse. O toser. No podría asegurar.


Los quiere,


Victoria Ocampo 


sábado, 3 de enero de 2026

Un poema sobre deberle guita al banco

Being broke feels like the entire world is a party at someone else's house & you're wearing muddy boots that you can't take off & everyone's just like, 'Yo, come on, leave' & you want to but somehow you just can't. You just can't.


Estar quebrado se siente como si el mundo entero fuera una fiesta en la casa de otra persona y vos estás usando botas embarradas que no podés sacarte y todos están como, 'ey, dale, andate' y vos querés pero de alguna manera no podés. Simplemente no podés.


Sam Pink, "99 poemas para curar lo que sea que esté mal con vos o crear los problemas que necesitás" (2019)

sábado, 27 de diciembre de 2025

Recomendaciones del Ministerio de Salud

 <<Imagine una estrella en el desierto>>, sugirió el Profesional de la Salud Mental. 

No comprendí bien,

él se refería, claro, a la impresión atávica de la soledad;

pero el brote seguía su curso, entonces

me señaló cómo es debido respirar (algo por lo general

muy poco enseñado)  

Volví a la imagen del desierto: insonorizado y único. 

<<Es algo hecho especialmente para mí>>, dije.

<<Así, sí, vamos. Como la respiración regular 

de un animal que duerme>>, señaló, y el desierto 


devorándolo todo. 


Hoy en Hablemos de Pesca: uno de Carson

  Hay algunos peces cuyos órganos (corazón, triperío) contienen fósforo, entonces producen bioluminiscencia: brillan en la oscuridad por un ...