sábado, 12 de septiembre de 2026

Un poema para los que se quieren matar

Ulises (u Odiseo, como prefieras) quería volver a casa. Quién no querría volver a casa después de deambular diez largos, aventureros años. Volver a ver a la persona que se ama, ¿seguirá amándonos? ¿se habrá cansado de esperar?

Ulises desde el barco, lejos, cree ver tierra. Su tierra. 

Tendrá que poner orden, al llegar.

Cuánto falta.

¿Cuánto falta para volver a casa?

Konstantino Kavafis, en 1911, le responde esta pregunta al extraviado Ulises en su poema Itaca. 


Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pedí que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No tengas miedo a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón vas a encontrar,
si no los llevás dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante vos.

Son consejos, ¿no? "Escuchá -parece decir Kavafis- que te voy a decir algo". 
Si tenés un pensamiento elevado, la mierda del mundo no va a poder enloquecerte. 
El peligro surge si está en vos, dentro, en tu alma. Y es tu alma la que va a mostrártelo. 
Por eso, amigate con tus demonios, dice, tenelos de tu lado. 
No hay adónde escapar. Vas a tener que hacerlo si querés seguir viaje.

Pedí que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detenete en los emporios de Fenicia
y hacete con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Andá a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Es claro: tenés que pedir que el camino sea largo. Es una orden, si querés, un verbo en imperativo. Pedí que el camino sea largo. Pedí, es tu obligación, ver puertos una vez en tu vida. Y otros después.

Pedí que el camino sea largo para poder tener mucho de todo lo que tenga el potencial de ser bello.
Incluso lo que pueda terminar: incluso eso. El perfume va a perderse en el aire. Van a dejar de quererte.  Pedí que el camino sea largo.

Tené siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.


Ítaca es tu casa. Ya vas a llegar, ya van a esperarte tus seres amados. Recordá esto, te dice el poeta, tenés que pedir que el viaje sea largo. Si prestás atención, es simple. Podés repetirlo cuando anochezca, cuando no reconozcas la voz o un gesto de la persona que amás.

Pedí que sea largo.
No lo apresures, no lo malentiendas. No te mates. 

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la veas empobrecida, Ítaca no te engañó.
Así, sabio como te volviste, con tanta experiencia,
entenderás...qué significan las Ítacas.


Los quiere, 


Alfonsina and the sea




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